AMOR ANIMI ARBITRIO SUMITUR, NON PONITUR.
Elegimos amar, pero no podemos elegir dejar de amar.

Publio Sirio

SiempreConmigo...

martes, 21 de marzo de 2017

POETRY / Charles Bukowski

photography: David Lynch


POETRY

it
takes
a lot of
desperation
dissatisfaction
and
disillusion
to
write
a
few
good
poems.
it's not
for
everybody
either to
write
it
or even to
read
it.

Charles Bukowski



POESÍA

hace
falta
mucha
desesperación
insatisfacción
y
desilusión
para
escribir
unos
pocos
buenos
poemas.
no todo
el mundo
puede
ya sea
escribir
la
o siquiera
leer
la


Charles Bukowski


Uno de esos últimos poemas editados en vida, The Last Night of the Earth Poems, 1992, dos años antes de morir.



lunes, 13 de marzo de 2017

Me gustaría leer / LEONARD COHEN




I´d like to read
one of the poems
that drove me into poetry.
I can´t remember one line
or where to look.

The same thing
happened with money
girls and late evenings of talk.

Where are the poems
that led me away
from everything I loved

to stand here
naked with the thought of finding thee.

 

LEONARD COHEN "La energía de los esclavos" 1.972


Me gustaría leer
uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
No recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar.

Lo mismo
me ha pasado con el dinero,
las mujeres y las charlas a última hora de la tarde.


Dónde están los poemas
que me alejaron
de todo lo que amaba


para llegar a donde estoy
desnudo con la idea de encontrarte.





jueves, 9 de marzo de 2017

Cartas desde Barbastro - Lazo negro 12

IN NOMINE DEUS olio su tela 70 x 50 cm anno 2011 Roberto Ferri


                                                    Infernal San Leonardo de Yagüe

Añorada Alma,
Con que poca cosa nos conformamos a veces. El hecho de poner tu nueva dirección en un sobre ya me parece una bocanada de aire limpio que antes me faltaba. Y saberte alejada de Ainsa y de Magdalena (a la que Dios perdone) y de todos los fariseos que la pueblan. El único que me preocupa es Manuel, las cosas que he averiguado le atañen de manera directa y no sé si debería contárselas. Pero claro, eso a ti, a tu juventud y a tu futuro apenas os atañen. Por eso será mejor que no embrutezca la carta con pensamientos oscuros cuando debería mandarle luz y alegría. Las cosas que he sabido de la guerra, de nuestro pueblo, de algunos de nuestros vecinos. Qué baño de sangre derramada por nada (así en el original). Ya ves que me cuesta mucho, Alma. Hoy me es casi imposible. Será mejor que termine de escribirla mañana.

Cuando leía tu última carta pensaba que mientras en ese tren tuyo la vida pasaba deprisa, en mi cárcel  sin barrotes todo se convierte en sólido inmóvil. Nada ocurre, nada sucede, pero unos muros cada vez más altos y peligrosos se ciernen a nuestro alrededor. Y toda la culpa es mía.

Lo único que necesitamos es Tiempo. La iglesia es experta en él, en dejar que el Tiempo lo pudra todo hasta hacerlo desaparecer. Esa es un arma que podemos utilizar en nuestro beneficio: la Paciencia.

Nombras a Dios como “mi” dios. Pues ese dios ha muerto, Alma. Y con él la Meretriz, la puta del Poder y todos sus acólitos entre los que ya no me cuento, a pesar del hábito que estoy obligado a vestir. Jamás se limpiará la sangre que mancha las manos de ese dios. Jamás (así en el original).

Me dices que “sucumbiremos sin el tacto y la mirada”, mientras las cartas permanecerán. No es cierto. No al menos para mí. Porque la tinta sobre el papel puede borrarse, mientras que cada caricia tuya sigue transitándome por la piel, rememorándote. El papel puede destruirse de mil modos, mientras que los recuerdos pueden pervivir en la memoria de quien los atesora. Claro que puede llegar el olvido. Bien como terapia, porque el recuerdo causa dolor, o bien como acto voluntario, porque deseemos llenar su espacio con un recuerdo mejor. Pero yo me niego, no deseo sustituir tu recuerdo, el de tus caricias, el de tus palabras, porque ninguno de ellos me causa dolor alguno, bien al contrario, son el bálsamo que me permite sobrevivir sin tenerte. No me olvides tú tampoco. No seas papel. Te lo ruego.

Nos falta tan poco que pronto parecerá que el tiempo se detiene para martirizarnos. Pero habrá un día a día, unas horas de descanso en esa tensa espera. Tengo tanta urgencia, Alma…  (Los puntos sustituyen a un par de frases totalmente ilegibles)

Ahora es tiempo de razonar y planificar. Preparar ese nuevo paraíso llamado Barcelona que será el origen de nuestro futuro común. El espacio donde podrás cumplir tu deseo de cuidarnos. Cuidarnos el uno al otro, envejecer juntos. A veces tengo tanto miedo. Mi edad, que pronto seré un anciano para ti; mis muchos estudios y mi nula experiencia en la Vida, de qué me servirá todo eso cuando deba ganarme el pan… ya ves que pensamientos me invaden cuando Tú te me apartas del recuerdo. Pero sé que los buenos cristianos a los que acudiremos nos ayudarán en todo lo posible. Al final de la carta te pondré la dirección a la que puedes acudir por si los necesitaras.

También me dices en la tuya que lloras a menudo. Y se me parte el corazón. Pensar que esas lágrimas son por mi causa me llenan de desdicha. Y no puedo evitarlo, me maldigo. Porque lo que yo deseo es tu risa. Tu Ángel, ese hombre que lo es por tu amor, solo aspira a devolverte un poco del elixir que le regalaste, que todo lo cura y todo lo mitiga.

Ya termino, Alma. A partir de ahora nos mandaremos notas escuetas, no quiero dar pie a que nadie pueda ver más de lo que ya adivinan. Mandaré otra carta a Manuel para que haga unas indagaciones que nos atañen, y a él de forma personal, y mandaré una tercera a mi tía para ir preparándola. Queda trabajo, mucho trabajo por hacer.

Te dejo, Alma. No querría, lo sabes. Porque mientras escribo mantengo abierto un vínculo contigo que parece romperse al cerrar el sobre. Pero debo decirte hasta pronto.

Tuyo y prisionero,
Ángel desnudo.

PD: Me gusta pensar que somos una nave surcando el mar del tiempo, sin más límite que las orillas de la imaginación. (No sé si la frase es mía, pero nos define)






Escrito y publicado por Manel Artero en Marzo 2017
Óleo: IN NOMINE DEUS olio su tela 70 x 50 cm anno 2011 Robero Ferri







martes, 7 de marzo de 2017

Te desnudas igual que si estuvieras sola / J.SABINES



Roberto Ferri, impalpabili tracce dal ciel



Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estas conmigo.
¡Como te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!
Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.
¡Y como nos queremos entonces en la risa
de hallarnos solos en el amor prohibido!
Después, cuando pasó, te tengo miedo
y siento un escalofrío!

Jaime Sabines





"Uno debe aspirar a tener las menos palabras posibles para comunicar las emociones más auténticas del hombre. Escribí poesía porque nunca aprendí a bailarla, a transmitirla en un apretón de manos, en una caricia, en un grito"

'Jaime Sabines: Apuntes para una biografía' 2012.




domingo, 5 de marzo de 2017

Los poetas y la cultura, 1924, FERNANDO PESSOA


Foto:The sound of words. Project Idea Frequency Typography.


"Un poeta que sepa lo que son las coordenadas de Gauss tiene más probabilidades de escribir un buen soneto de amor que un poeta que no lo sepa. No hay en esto más que una paradoja aparente. Un poeta que se dio al trabajo de interesarse por una dificultad matemática tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual, y quien tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual recogió por cierto, en el decurso de su experiencia de la vida, pormenores del amor y del sentimiento superiores a los que podría haber recogido quien no es capaz de interesarse sino por el curso normal de la vida que lo afecta: el comedero del oficio y la correa de la sumisión. Uno está más vivo que el otro por lo menos como poeta: de ahí la relación sutil entre las coordenadas de Gauss y la Amaryllis del momento. Uno es un hombre que es poeta, el otro un animal que hace versos."

FERNANDO PESSOA,
Los poetas y la cultura, 1924, Ensayo Pessoa.




lunes, 27 de febrero de 2017

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -11-





                                            En el tren, es sábado y es desasosiego


Ángel,
Dios mío,
si estuvieras aquí.

Saco otra vez tus cartas del bolso y compruebo que me acompañas en todo momento. Te leo una y otra vez, algo nerviosa, rebusco detrás de cada frase detalles ocultos que me hayan podido pasar desapercibidos, que sepan y que huelan a ti, que consigan hacer la distancia más corta y menos dolorosa. Y que me acompañen en este viaje.

Pasan los árboles deprisa, pasan los latidos acelerados, pasan los recuerdos y se detienen en la ventanilla, como escenas que tu dios ha permitido por algún definitivo motivo, de bocas y besos, de aliento y sudor, secuencias de sal, de caricias y de piel que se desnuda a escondidas y se nos arrodilla ante la belleza, antesala del amor. Pasan los kilómetros también deprisa, si te abstraes en un punto, parecen una línea inexorable, sueño que hacia ti.

Recuerdo cada instante contigo, ahora que no hay nadie en el vagón puedo hacerlo libremente, y cerrar los ojos, y volver a traerte, a posar mi mano  y acariciarme como solo tú me acaricias. Recorrer pausadamente mi cuerpo, hasta conseguir dejarme sin respiración, siento mis dedos con tus dedos, juntos paseando sin pausa, sin descanso y si duda. Cual liturgia repetida, te acercas y te quedas, y me bebes y me haces. Y yo me deshago.

Ángel, estás aquí, aún con más presencia si cabe, acompañándome, haciendo que no sienta ni el frío ni el cansancio ni las penas, diciéndome con los brazos abiertos "-Ven, Alma mía", y soy yo la que está aquí hundiéndome en ellos como si nunca más fueran a abandonarme. Quizás sea esa la única palabra de dios, y no otra, la palabra que existe más allá de la tentación y el deseo, la palabra que los amantes no alcanzan jamás a escribir.

Hace unos meses mi respuesta a tu carta hubiera sido no, no y no. Sobran los motivos, ambos lo sabemos. Pero creo que tengo derecho a no poner más en duda, al menos, mi amor. Que es lo único que realmente poseo. Así es que debo decirte que te deseo, y que tengo urgencia de verte llegar con la sotana negra, caminando hacia mí, siempre ese ritual del silencio y la caricia y el beso en el cuello, y poner mi mano sobre la tuya en mi pecho. Y entregarnos, como si no existiese otra posibilidad, ni mejor lugar para incluso morir si hiciese falta. Que siento necesidad de usted y de ti. Que te quiero, amor.


Pienso de repente en la gente que dejo, por suerte, atrás en el pueblo... qué vileza y cuánta ruindad, no es enfado lo que siento, sino lástima, qué más decirte de ellos... cómo se puede condenar a nadie por amar, cómo han podido atreverse sin saber a juzgarnos, precisamente aquéllos que yo en algún momento pensé quizás superiores o con más oportunidades, y que ahora en cambio me despiertan náuseas al descubrir que están muy por debajo de mi familia y de ti, Ángel. Les detesto, Padre Ángel, seguramente debería confesarme. Mas no lo haré con nadie más que con usted, y es usted quien lo sabe y debe saberlo. Nadie más.

De entre todos ellos, por increíble que parezca, la única persona que traigo en el equipaje se llama, lo sabes, Magdalena. Me ha preparado una fiesta de despedida sorpresa, con sus amigos en aquella casa de la que te hablé. Bebimos, reímos, hablamos, me dieron unos regalos preciosos, bebimos más, y no pude participar en ninguna de las escenas de sexo que por cierto me dejaron presenciar, porque solamente siento deseo de ti, Ángel, esa es la verdad, y en cuanto les mostré mi sentir,  así lo respetaron todos. Mucho humo, poca luz, tantas manos como lujuria. Todas esas personas sin nombre me respetan y me parecen más honestas y leales que el resto. Suena extraño pero hacen que me sienta a gusto y en paz, sin más. Sospecho que sabes de qué y quiénes hablo...  Y aunque puedo imaginar que no te guste leerlo, quiero compartirlo todo contigo. No sé cómo acabé durmiendo en la misma habitación de entonces, las mismas sábanas suaves de raso que acaricié hasta rendirme al sueño, la misma música; la recuerdo tímidamente cuando se acercó a arroparme, y me besó con tanta ternura, como seguramente solo una madre o un padre saben besar.


Escribir cartas es una posibilidad, aun sabiendo que insuficiente y que puede dar lugar a malas interpretaciones incluso, es el único modo de tenerte. Puedo tocarte en la distancia, pero también te necesito de cerca, tan cerca que te sienta dentro. Los besos que te llegan son los más cálidos que puedo escribirte, pero el ansia de poder dártelos es una fuerza sobrehumana que no sé tramitar. Las cartas permanecerán, pero nosotros, sucumbiremos sin el tacto y la mirada, y esa idea me carcome, me recorre y me corroe algunas, muchas, casi todas las madrugadas. Soy valiente para mirar hacia delante e imaginar el futuro contigo pero ahora debo estar centrada también y con los pies en la tierra, y cuidar de mí y de nosotros, más que nunca.

No sé realmente porqué escribo, seguramente los nervios. No del viaje, ya imaginarás que es la primera vez que salgo de mi tierra, sino más bien por dejar atrás a Manuel, con una tos que no acaba de curar, y más abuelo que nunca. Ha sido una despedida muy triste, por mi parte, a pesar de mi sonrisa no pude ni quise disimular los ojos vidriosos detrás del cristal y esas pocas lágrimas que huían furtivas; mi sonrisa era enorme, del mismo tamaño que mi dolor.  Y en cambio tremendamente acertada por su parte, como siempre, cuando me abrazó fuerte y me susurró muy tranquilo al oído:

"Mi niña, no debes quedarte en un lugar que no puedes florecer libre, aunque te guste. Imagínate por un instante que lo arriesgas todo y que todo sale bien. Vete, Alma mía, yo estaré contigo, como siempre."

Estoy llorando.

No sé qué me pasa, lloro muy a menudo. El vagón también llora su recorrido en silencio, y en el vaho del cristal, al respirarte cerca, dibujo ya sin miedo, tu nombre.


Tu deseo de vernos, es imposible que sea más fuerte que el mío.
Sabré esperarte unos meses, y también creo que sabré esperarte toda la vida.


Tuya
siempre

Alma,

tu amor
ojalá mañana,
tu esposa.



                                                       Domingo, ya en Barcelona

Ángel,  unas palabras para decirte que he llegado bien, y que me han ido a buscar a la estación, parecen muy amables, estoy segura de que lo son. Será fácil trabajar para ellos, y adaptarme a esta ciudad y a su gente. Esta casa está llena de libros, al menos no estaré sola. Mañana escribiré más.

Por favor, no dejes de escribirme estos meses, mientras tanto llega el día en que podamos vernos aquí. Dime si puedo hacer algo, esperar me sabe a demasiado poco.



miércoles, 8 de febrero de 2017

Cartas desde Barbastro, lazo negro -11

Fotgrafía: Miss Cakahuette



                                                                                     
                                               San Leonardo de Yagüe (sin fecha)

Alma, mi esposa algún día,

Tu carta me deja un regusto amargo. Si bien me colma de felicidad saber que mis palabras son medicina para tu espíritu, me entristece sobremanera el comportamiento de nuestros  vecinos, a los que ya jamás perdonaré.

Cuánta hipocresía hay en el mundo, Alma. Si supieras la de cosas que me han contado en confesión, esos que ahora te marcan con la mirada, y lo buenos cristianos se sienten, o les vieras las caras cuando toman la eucaristía ¡Fariseos! Criaturas desleales que tiran la primera piedra sin mirar la maldad que anida en su interior. Y esta Iglesia, la experta hipócrita que acuñó la frase: “Nisi caste, saltem caute” (si no casto, al menos cauto). Pero no, no quiero convertir la paz que me da tu amor en odio por quien ni eso merece. Prefiero centrarme en ti y en nuestro futuro encuentro.

Me consuela saber que no estás sola, que Manuel te trata con dignidad y que Magdalena ha demostrado ser la más cristiana de todas las mujeres ¿Te das cuenta de que a pesar de no tenernos el uno al otro no estamos solos? Verás porqué.

Dice que envidias a mis compañeros. No lo hagas, porque no los hay del modo que los imaginas. Solo aquel del que te hablé, de nombre Agustín. Él, al igual que yo ahora, está resuelto a abandonar los hábitos y es la única persona que parece estar de mi lado, nuestro lado. Tampoco entiende el celibato. De hecho fue él quien me lo confesó y eso me permitió poder contarle  mis dudas y temores. De ahí que te dijera más arriba que no estábamos solos.

Voy ahora a tu pregunta sobre si marcharía contigo hoy mismo. Mi respuesta sería un sí rotundo, como no podía ser de otro modo. Pero en este instante no tengo libertad de decisión; no ahora, no por el momento ¿Recuerdas que te hablé en una carta anterior que creía que el padre Anselmo había traicionado el secreto de confesión al delatarme al obispo? Siempre pensé que ese tipo de cosas, que había escuchado aquí y allá, eran habladurías dictadas por la venganza, otro de los males que asolan esta triste tierra de Caín, pero ahora confirmo que había más certeza de la que mi inocencia era capaz de ver. En nuestro encuentro intentaré explicártelo mejor.

Alma, tenemos tanta suerte. Adán y Eva solo tuvieron el Edén que les puso su Creador. Nosotros, sin embargo, construimos el nuestro en cualquier lugar que podamos abrazarnos en libertad. Ahora sabemos que ya no volverá el Paraíso de Barbastro, pero tanto da, construiremos otro en la hermosa ciudad de Barcelona.

Yo soy de Barcelona, creo que es algo que nunca había dicho a nadie cercano. Mi familia, gran parte de ella, emigró a esa hermosa ciudad a principios de siglo. Eran tiempos duros en el campo y allí se estaba construyendo la ciudad cosmopolita que es ahora. Yo nací en un barrio humilde que viste la falda de una de sus montañas emblemáticas: Montjuic. Allí pasé mi primera infancia. Pero la guerra cambió las tornas y el hambre que nos atenazó en la posguerra se cebó en las grandes ciudades. La solución que encontraron mis padres fue mandarme de nuevo a sus orígenes y de ahí al seminario. Fíjate en que pocas palabras cabe mi vida entera. Pero la cuestión es otra.

En Barcelona todavía me queda una tía abuela. Una mujer muy mayor ya a la que podría ir a visitar con la excusa de que está sola y algo delicada. Aprovecharía para buscarle alguien que pudiera cuidarla en lo que le quede de vida. Eso me permitiría salir de esta cárcel sin problemas. Conque sé que sólo no me dejarán marchar, me haría acompañar por Agustín que también nos pondría en contacto con grupos cristianos que se han apartado de esta meretriz de Babilonia. Sería un modo de que tú, después de mi partida, la última de todas, tuvieras gente a la que acudir para que te echaran un mano.

El único problema es que organizar todo esto sin despertar sospechas va a llevar más tiempo del que desearíamos. Pero qué prefieres, la tristeza de cualquier rincón donde la prisa y la incertidumbre nos golpearán sin descanso, o la paz de un piso pequeño y humilde que puede ser nuestro hogar durante unos días.

Si pudieras esperar un par de meses podríamos vivir ese hermoso sueño. Te echo tanto de menos. Y si antes tenía el consuelo de la oración, ahora reniego de ella y de todo, y solo estás tú para iluminar la oscuridad de mi alma.


Solo tú, mi vida. Tu mirada, tu calor, Tú.

Dame una respuesta.

Dime que esperarás,

Tu ansioso Ángel








Publicado por Manel Artero Badenes en su blog El Día a Diario

Fotografía: Miss Cakahuette




sábado, 4 de febrero de 2017

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -10-

                                                                                         
Fotografía : Miss Cakahuette
                                                                                                     

                                                                                                                                                   Ainsa, (sin fecha)


Ángel
mi luz


Tu carta está siendo un verdadero antídoto, a los días que no duermo y a las noches que paso en vela, soñándote, como imposible. Hoy por fin vuelve a amanecer y yo a sonreír.

Tu regreso me hace extremadamente feliz. Vuelvo a sentir la misma urgencia por tus manos acariciándome y evoco cada uno de tus besos, esa perfecta cadencia al devorarnos, ese instante en el que el mundo, de puro amor, se detiene para nosotros, al mirarnos más allá de los ojos, al sentirnos dentro en perfecta comunión, al sabernos. Ser y estar, a pesar de las contradicciones y en secreto.

Ángel, la vida, de repente, no está siendo nada fácil aquí. Al menos para mí. Hay vecinos que han dejado de hablarnos, y apenas me relaciono. Las conversaciones con mi abuelo me sanan, y mitigan el dolor. Sé que Manuel me cuida, disimula despreocupación para no agobiarme, pero también sé que está acongojado, intentando suavizar la situación y buscando siempre las palabras precisas que me hagan reflexionar y tomar decisiones con la templanza que debo.

Yo me encuentro, a pesar de todo, excepcionalmente bien. Solo mi alma, es ella quién flaquea, echándote en falta sin descanso, sin cesar. Aleteando por la geografía hasta llegar y poder espiarte desde el cielo, envidiando a los compañeros que pueden verte y escuchar tu voz, imaginándote con la mirada perdida atravesando esas paredes de piedra, orando a tu Dios para que me proteja y me guíe, de algún modo, otra vez, hacía ti.


Y es así al final de cada día, que descubro que podemos soportar mucho más de lo que realmente creemos poder sobrellevar. No hubo más alba ni más ocaso que disfrutar desde que te fuiste. Debes saberlo.

Magdalena siempre me escucha, y suspira. -Ay, Alma, si pudiera enseñare a olvidar tanto dolor... pero no puedo. Es más, no quiero, precisamente porque te quiero. Algún día encontrarás la explicación a todo, ten paciencia y no dudes jamás de ti misma." Esas cosas me dice, y luego me abraza, y me acaricia la cara, y me siento tan arropada, casi como una niña, y me gusta esa sensación...

Pero la gente de esta tierra no es como ella. Y de sentir asfixia he pasado, en silencio, al ahogo y a sentir por momentos que debía abandonar, y a maldecir, y a intentar odiarte. Y aunque ya sabes que no lo he conseguido, te pido disculpas por mi insensatez, y te pido perdón, amor, porque sé que diciéndotelo te hice daño. Mucho daño.

Releo tu carta, una y otra vez, repaso con las yemas, una a una, cada una de esas letras, como un juego, como cuando dibujabas códigos secretos en mi vientre, y lo besabas, y le hablabas casi en tono de solemne oración, y yo me estremecía como hago ahora.... quién pudiera tener el poder de tocar ahora con ellas tus dedos al escribirme... ojalá que cuando te mires las manos, sientas siempre que te faltan las mías. Ojalá entiendas que siempre te amaré, hasta el frío de la muerte... y más allá, si es que hay algo más allá de veras, como decís.

Necesitaba saber que tu mano no me soltaría al caminar.
Y es ahora que lo sé.

Dime, Ángel, si pudieras, ¿vendrías esta misma noche...?
Ahora sé que sí, y es lo único que me importa.

Y precisamente por eso, puedo compartir contigo la decisión que he tomado. Me voy a Barcelona, amor mío, tengo que irme de aquí, no hallo otro modo de reencontrarme y de respirar, aunque sea sin tu aliento. Tendremos que buscar la manera de vernos, y de seguir escribiéndonos cartas, no me abandones ahora, te necesito más que nunca, tu sosiego y tu templanza, amor, y tu contradicción y tu locura, también la deseo, hasta volverla mía, y mi alma, tuya.


Por supuesto que te esperaré, Ángel, vida mía

Te quiero

amor fugaz
mi serenidad
tu amor mi luna
mi dulce canción de cuna


Alma 
como luna

llena.




Pd.: nada deseo más que encontrarme contigo.
Seguiré con cautela las instrucciones que me envíes



miércoles, 1 de febrero de 2017

Cartas desde Barbastro, lazo negro -10-



Medieval, Castel del Monte, Italy




                                                     San Leonardo de Yagüe (sin fecha)



Mi pobre Alma,


Pensé que ya no me escribirías, así de negro estaba mi Cielo. Pero he recibido tus palabras, y con ellas he renacido.

Gracias, desde lo más profundo de mi ser.


¿Sabes?, me gustaría decirte que Soria es hermoso, que San Leonardo de Yagüe es hermoso, que sus gentes son honestas y buenas. Y contarte que Santo Domingo de Silos está cerca y que a veces me acerco a escuchar a sus monjes cantando sus monodias... pero no sería verdad. Lo cierto es que mi vida es una comida insulsa. Un vacío helado entre misas para unas pocas beatas de luto, alguna extremaunción si alguien se nos va y una terrible opresión de cárcel que lo envuelve todo.


Mi querida Alma, yo también leo y releo tus cartas y en cada lectura hago de nuevo el amor contigo. Solo que ahora abrazado a la misma soledad que te acompaña a ti también ¿Recuerdas a Hernández? “…a mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo y exalto la orilla de tu vientre...” Cuan semejantes veo ahora su prisión y la nuestra.


Leo también que me maldices. Debes saber que no es necesario. Porque ni el mismo Diablo podría venir ahora a socavar más mi ánimo, pues siento que la estúpida confusión entre mi amor por ti y mis ceencias, me equipara a él. Me ha costado tanto, Alma, pero he aprendido al fin. El error no está en la fe, ni en la palabra de Cristo. El error es esta Iglesia inmunda y enferma que lo infecta todo. Ahora lo sé y pronto nos podremos defender de ella. Pero necesito —casi no me atrevo a pedírtelo—, que me des tiempo, el único bien que aun nos queda. En estos días sin horas he sabido cosas que aun debo callar pero que pueden unirnos por fin si ambos tenemos paciencia.


No sé que me digo, perdóname, no debo exigirte algo así. Mejor harías en ir echando paletadas de olvido a nuestro paraíso hasta que Ángel no fuera más que un dulce recuerdo de juventud.


Pero si decidieras esperar…


He aprendido, Alma. Aquí, en este presidio sin celdas donde todos me escrutan e indagan hasta mi más leve movimiento, también se escuchan voces que me han traído una luz que no esperaba, y de la que un puedo hablar como te dije antes.


Me duele tanto la tristeza que emana de tus palabras. Me siento tan culpable. Si supieras, desde que estoy aquí, la de veces que me he dicho que debía haber renegado de mi fe. Soy un cobarde que no quiso darse cuenta de que Cristo no habita en sotanas negras sino en las personas. Imagino que en mi cobardía (o ceguera) nunca quise mirar más allá. Ya me estaban bien la liturgia y la oración. Con ellas me sentía pleno.


¡Pleno! Ahora lo digo y casi me sonrío. Nunca me sentí pleno antes de conocerte. Solo era una cáscara llena de doctrina que tú vaciaste para llenarla de amor. Pobre tonto. Solo desde ti he aprendido que el Amor es una substancia que nos nace de dentro para expandirse hacia fuera, y que pregonar lo que no se conoce es tan estéril como predicar en el desierto.


Qué más contarte, que a pesar de cuestionarme los cimientos de mi fe, encuentro momentos que me confirman que Dios me sigue guiando, aunque ese Dios no sea el que conocí antaño. Mira, sino, lo que me sucedió un par de días antes de recibir tu carta: cogí La Biblia. Necesitaba el consuelo de la palabra de Jesús y anduve buscándola en los evangelios. En un momento determinado, sin poder evitarlo, me fui al Cantar de los Cantares y leí.


[…]

Mi amado metió su mano por la abertura,
y mi corazón se conmovió dentro de mí.
Yo me levanté para abrir a mi amado 
y mis manos gotearon mirra,
y mis dedos mirra, que corría
sobre la manecilla del cerrojo.
[…]


La mano por la abertura, Alma… y sus manos y dedos goteando mirra sobre la manecilla del cerrojo… me hablabas tú, mujer, eras tú quien me susurraba los versos al oído como si el mismo Cielo supiera que iba a recibir carta tuya. Son momentos tan maravillosos en medio de esta absoluta tristeza que me aferro a ellos como si no fueran a repetirse.


Te escribiría hasta convertirme en tinta y diluirme en las hojas, pero sé que hay ojos mirando y debo ser discreto y terminar. Es que sufro por ti, por Manuel y por Magdalena. Creo que vigilan nuestros pasos, por eso debemos ser cautos (mira la Post Data)


Solo me resta una última súplica ¿Accederías a que nos viéramos una vez más antes de que pueda resolver los conflictos que nos envuelven? Deberemos ser más cautos que nunca, pero es necesario encontrar el modo de hacerlo. Y esta vez no podremos contar con nadie. Solo seremos tú, yo y el lugar que escojamos, lejos de Barbastro y de Ainsa.


Perdona esta carta sin rigor ni apenas sentido ni continuidad. Necesitaba vaciarme antes de poder razonar de nuevo.

Disculpa que apenas haya mitigado el dolor de la tuya.



Tuyo, siempre,

Ángel vengador.



PD Esa es la razón de que esta carta no te haya llegado de la manera habitual. Tengo la suerte de que un cura joven, muy crítico con la actual Iglesia, ha accedido a ayudarme (no le conté toda la verdad) y la ha mandado como si fuera suya, metida dentro de otro sobre en el que escribió una nota con las instrucciones. La recibió primero Magdalena, que se la ha dado a tu abuelo para que te la entregara. Y tú deberás repetir el mismo periplo si decides responderla. Sobre todo, sigue las instrucciones que te dicte Manuel.






Escrito y publicado el 1 febrero 2017 por Manel Artero en su blog







martes, 31 de enero de 2017

Cartas desde Barbastro, lazo blanco -9-

                                                    
Fotografía: Miss Cakahuette

                                                                                                                          

Ángel

Es inevitable. Lo eres.

Sigues aquí, entre mis labios, que apretados no se atreven a nombrarte. Sigues aquí cuando amanece, cuando todo huele a abrazos y a lluvia, sigues en las cartas como una voz dormida. Y soy yo la que sigue enamorada.

Y sola.

Nunca nadie me había hecho sentirme tan llena de amor, y a la vez, tan sola también.

Aborrezco comenzar cartas que jamás recibes. Llevo mucho tiempo escribiéndote, pero al final, las quemo, como si de un ritual se tratase. Odio los trenes y los obispos. Y no sé cómo ni por qué motivo, después de estos cuatro meses, más negros que una sotana escondida en la noche más oscura, he aprendido a no odiarte. Hubiera sido más fácil, pero no puedo.

Aun así, te maldigo, a cada instante, a cada paso y en cada latido.

Pensé que lo correcto hubiera sido desobedecer las normas, confiaba en tu sensatez humana, en que pusieras en práctica tus palabras y apostaras por nuestro amor. Que nos mirase la complicidad y pudiéramos reunir la suficiente valentía para comenzar una vida juntos, aunque para ello tuviésemos que dejar todo cuanto tenemos, que es nada al fin y al cabo. Te deseé libre. Soñé que éramos, al fin, demasiado libres, si es que se puede serlo. Deseé la libertad de tu amor, que lejos de serlo, se arrodilló servil. Y quizás ese fue mi pecado. Y el tuyo, también.

Paso los días de largo, pero al caer la noche, rebusco motivos y razones por las que te hayas visto obligado a irte lejos de mí y sin mí. Recorro la vida de puntillas, intento pasar desapercibida en este pueblo, a diario, asfixiada, sin esperanza. No he vuelto a tener relaciones con ningún otro hombre. Ni encuentro sosiego, ni luna que me lama. Las noches se pintan los ojos de negro, antes de llorar conmigo.


Ojalá, el olvido. Pero no.

Y me haces confesar en silencio que lo eres todo para mí.
Cuando entre las sábanas nada se oye, regresa ese traqueteo del tren, cada noche la misma tortura, que me hace dudar, que me hace sufrir, que consigue que sienta que hemos, que te he fallado. No he sabido ser más convincente acaso que el obispo, quizás debiera haber sido más clara en mis cartas... No puedo vivir sin ti, Ángel.
No podré vivir sin ti.
No quiero.

O quizás debiera decirte, de nuevo, Padre Ángel...
Y volver a confesarme a una iglesia que no he vuelto a pisar, por no verle el rostro al cristo redentor, ese que me miraba sin pestañear mientras usted me tomaba aquella primera vez. Volver a entregarle mis miedos, mis dudas y los pocos pecados de los que ya ni me avergüenzo siquiera. No siento remordimientos, Padre. A cambio, por momentos, estoy llena de odio y de ira. Y el tiempo pasa, y esos malos pensamientos no se me van de la cabeza.

No te entiendo Ángel. Y tampoco entiendo porqué tu Dios permite que te alejes de mí. Si es verdad como dices que todos somos de Dios, y es cierto que todo lo puede, comenzaré incluso a rezar si hace falta, hasta que me oiga, y me escuche, y le pediré que te devuelva pronto al lugar de donde no debiste partir. Que permita al menos que lleguen tus cartas, y que yo consiga escribir las mías, y que encuentre la valentía suficiente para enviártelas.

Y si no puede, le pediré que me mate de dolor, ya que el amor no pudo.

Ángel, estás aquí, conmigo, y estás dentro de mí. Pero no estás.
Yo tampoco me rendiré a nuestro amor, y aunque insolente, como me dices, tengo claro y sé que no quiero otra vida si no es contigo. Es la sangre, es la herencia de mi madre, luchar sin fatiga, luchar por lo que realmente quieres y crees, hasta morir si fuese necesario, porque ¿en qué se convierte la vida sin la persona que amas...?

Regresa pronto, te lo suplico, por dios.
Hazlo, y si te da miedo, hazlo con miedo.



Te quiero

Ángel
mi amor
mi vida
mi luna







lunes, 16 de enero de 2017

Hombres sin mujeres. HARUKI MURAKAMI


Saul Leiter,  selfportrait, 1942


… Un buen día, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer. Ese día sobreviene de repente, sin mediar el menor indicio o aviso, sin corazonadas ni presentimientos, sin llamar a la puerta y sin carraspeos. Al doblar la esquina, te das cuenta de que ya estás allí. Y no puedes dar marcha atrás. Una vez que doblas la esquina, se convierte en tu único mundo. En ese mundo pasan a decir que eres uno de esos «hombres sin mujeres». En un plural gélido.
Sólo los hombres sin mujeres saben cuán doloroso es, cuánto se sufre por ser un hombre sin mujer. Por perder ese espléndido viento de poniente. Porque te arrebaten eternamente los catorce años (la eternidad debe de andar alrededor de los mil millones de años).
Convertirse en un hombre sin mujer es muy sencillo: basta con amar locamente a una mujer y que luego ella se marche a alguna parte. En la mayoría de los casos (como bien sabrás), son taimados marineros quienes se las llevan. Las seducen con su labia y las embarcan deprisa hacia Marsella o Costa de Marfil. Prácticamente nada podemos hacer frente a ello. También es posible que ellas mismas acaben quitándose la vida, sin haberse relacionado con ningún marinero. Frente a eso tampoco podemos hacer nada. Ni siquiera los marineros pueden.
Sea como fuere, así es como te conviertes en un hombre sin mujer. Todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. Y una vez convertido en hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo. Como una mancha de vino que se derrama sobre una alfombra de tonos claros…

(Hombres sin mujeres. Haruki Murakami)





Gracias, Manuel Martinez-Carrasco
;-)



domingo, 15 de enero de 2017

DEBORAH TURBEVILLE


Debora Turbeville (Boston, Massachusetts, 1932 - Manhattan, Nueva York, 2013), fue una fotógrafa de moda estadounidense cuya obra es fuente de inspiración de multitud de artistas.






Deborah Turbeville es una fotógrafa pionera en saltar de la fotografía de moda a las galerías de arte. Ha sido una de las fotógrafos de moda más importantes y reconocidas desde mediados de los 70.


© Deborah Turbeville
San Petersburgo es el lugar donde la historia ha llegado a su fin, como un tranvía inmovilizado en el hielo.
Después de hacer la imagen, la destruyo.
La idea de la desintegración es realmente el núcleo de mi trabajo.



Biografía

Su madre la describía como "una niña tímida y asustadiza". A los 19 años, con la idea de trabajar en el teatro, se mudó a Nueva York, aunque terminó trabajando para el diseñador Claire McCardell (el diseñador que puso el jersey de lana en la pasarela). En esta ciudad comenzó su carrera como editora de moda en Harper's Bazaar (1963) junto al editor de moda Marvin Israel y el equipo de fotógrafos de la revista: Diane Arbus, Richard Avedon, Hiro, …

Hizo sus primeras fotos en Yugoslavia en 1966, pero eran bastante borrosas. Se las mostró a Avedon, al que le gustaron con desenfoque y todo, y él le enseñó la técnica fotográfica. No pasó mucho tiempo para que se diera cuenta de que su corazón estaba en la fotografía, y ya no ha dejado de hacer fotos desde entonces.

Fue en esta época cuando descubrió que girando la óptica de la cámara todos los elementos se trasladaban al "mundo del desenfoque". Éste es uno de los grandes hallazgos que se le otorgan.

Como fotógrafa de moda es la antítesis de Helmut Newton; sus imágenes son "mercancía dañada" y su fotografía se asemeja a Francesca Woodman.

El trabajo que le dio renombre internacional fue el encargo Bathhouse de la revista Vogue en 1975. Las modelos aparecían apenas vestidas, lánguidas, mojadas, con una apariencia desaliñadamente kitsch, con la sensación de encontrarse en algún lugar del pasado.

En una temporada que vivió en París en los 80, salía a la calle todos los días de 6 a 8 de la tarde en plan voyeur.

Vive a caballo entre Nueva York y México y todos los años pasa unos meses en San Petesburgo (Rusia) ciudad que inspira a Turbeville como ninguna otra, y en la que ha dado conferencias y clases.

Ha trabajado para casi todas Vogue, ha hecho anuncios para Ungaro, ensayos fotográficos para Harper’s Bazaar y ha retratado a Julia Roberts para la revista del New York Times.

En 2007, viajó con su cámara por Europa, "robando" preciosas instantáneas de personas y lugares, captando "realidades" que solo ella puede ver.

Su trabajo continúa atrayendo y excitando. Los artistas jóvenes buscan su dirección, consejo, sabiduría y sus siempre jóvenes perspectivas sobre la forma en que visualiza la vida.

Ha recibido diversos premios como el Lucie, el ICP Infinity Award, el Alfred Eisenstaedt Award y el  Fashion Group Lifetime Award en fotografía de moda.


Fuente: Cada día un fotógrafo / Fotógrafos en la red



jueves, 5 de enero de 2017

INVISIBILIDAD Y MILES DE MILLAS


Para Montse Mon
letras para millas y noches


Foto: MASAO YAMAMOTO


Con una mano
acariciaba la suerte
con la otra intentaba
calmar el recuerdo
los latidos

y como siempre
que presentía
el viaje el aire
el fuego
que sentía

el beso de los vivos

se mordía el labio
y se confiaba al norte
a la tersa geografía
de las millas de tu espalda
al ensueño de tu pecho
a ese otro lado de la cama

donde aún queremos
sin querer


y es ese mi amor
y a este lado se arrima,
respira, sonríe, y murmura
y se vuelve a dormir

ausente ya sin olvido
entregados a ninguno
y sin memoria

escondido en silencios
y secretos

que no mienten


naufrago
invierno

ya en tierra
de yerma,

insoportable,

la ingravidez
de la suerte

de la mala
de la buena


y ese es mi amor
de fruta prohibida
siempre con un pie
fuera de la cama

abrigandote
el desasosiego

la nieve que no cesa
ni la noche que cae

'inseparados'
todos esos verbos
aún a este lado
como sinónimos
presentimientos

que se abrazan
interminables
que se atan

hasta sin despertar
fundirse hasta
de amor

matarse
hasta morir

de pura
invisibilidad

 







miércoles, 4 de enero de 2017

JOHN BERGER / my heart born naked



'My heart born naked
was swaddled in lullabies.
Later alone it wore
poems for clothes.
Like a shirt
I carried on my back
the poetry I had read.

So I lived for half a century
until wordlessly we met.
From my shirt on the back of the chair
I learn tonight
how many years
of learning by heart
I waited for you.'


JOHN BERGER,
And Our Faces, My Heart, Brief as Photos





sábado, 17 de diciembre de 2016

Ensayo sobre el cansancio / PETER HANDKE







El camino normal es ir de la imagen del cansancio a la del insomnio, o, mejor dicho, en plural: voy a hablar de las diversas imágenes del mundo de los distintos cansancios.

Como para miedo fue, por ejemplo, en cierta ocasión, la forma de cansancio que pudo producirse junto a una mujer. No, este cansancio no se produjo, ocurrió, como un acontecimiento físico, como escisión. Y además nunca me alcanzaba a mí solo, sino que al mismo tiempo alcanzaba siempre a la mujer, como si, al igual que ocurre con los cambios de tiempo, viniera de fuera, de la atmósfera, del espacio. Estábamos allí tumbados, de pie o sentados; un momento antes, de un modo evidente, estábamos formando una pareja, y un instante después estábamos separados irremisiblemente.

Un momento como éste era siempre un momento de miedo, a veces incluso de terror; como cuando uno se cae de modo violento. '¡Alto, no, no!'. Pero no había nada que hacer; los dos estábamos cayendo ya, cada uno por su lado; cada uno a su cansancio más propio y particular, no al nuestro, sino al mío de aquí y al tuyo de allí. Puede ser que en este caso el cansancio fuera solo un nombre distinto para designar la carencia de sentimientos o la extrañeza, pero, por la presión que gravitaba en el entorno, era el nombre adecuado a la cosa.
. . .

'A media tarde.. un cansancio catastrófico irrumpió en el cine Apolo desde un cielo claro y despejado. Víctima de él fueron un hombre y una mujer, que, unidos hombro con hombro unos momentos antes, fueron catapultados, cada uno por su lado, por la onda expansiva del cansancio y, al final de la película, que por cierto se titulaba -Sobre el amor-, sin mirarse siquiera ni decir una sola palabra, siguieron cada uno un camino distinto que les separó para siempre'.

Sí, estos cansancios que separan le golpean a uno siempre con la incapacidad de mirar y con la mudez, no, no le hubiera podido decir: "estoy cansado de tí", ni siquiera un simple "¡cansado!" (lo que como grito común, tal vez nos hubiera podido liberar de nuestros infiernos particulares): estos cansancios nos quemaban la capacidad de hablar, el alma, sin dejar rastro. ¡ Si realmente hubiéramos tenido la posibilidad de seguir caminos separados ! No, aquellos cansancios hacían que los que por dentro estaban escindidos, por fuera, como cuerpos, tuvieran que seguir estando juntos. Y luego ocurría que los dos, poseídos por el demonio del cansancio, empezaban ellos mismos a tener miedo.

Miedo siempre del otro.




Peter Handke
Ensayo sobre el cansancio






jueves, 1 de diciembre de 2016

ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR, ¿EH? / Bukowski



Saul Leiter 1949




ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR, ¿EH?


si no brota de ti a borbotones
a pesar de todo,
ni lo intentes.
a menos que te salga por voluntad propia
del corazón y la mente y la boca
y las entrañas,
ni lo intentes.
si tienes que permanecer horas sentado
mirando la pantalla del ordenador
o encorvado sobre la
máquina de escribir
en busca de palabras,
ni lo intentes.
si lo haces por el dinero o
la fama,
ni lo intentes.
si lo haces porque quieres
mujeres en la cama,
ni lo intentes
si tienes que sentarte y
rehacerlo una y otra vez,
ni lo intentes.
si solo pensar en ello ya te cuesta trabajo,
ni lo intentes.
si quieres escribir como algún
otro,
olvídalo.

si tienes que esperar a que salga de ti
con un rugido,
entonces espera tranquilo.
si no llega a salir de ti con un rugido,
dedícate a otra cosa.
si primero se lo tienes que leer a tu esposa
o a tu novia o tu novio
a tus padres o quienquiera que sea,
no estás preparado.

no seas como tantos otros escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman escritores,
no seas soso, aburrido y
pretencioso, no te dejes consumir por el
narcisismo.
las bibliotecas  del mundo
se han dormido de
aburrimiento
con los de tu calaña.
no lo empeores
ni lo intentes.
a menos que te salga
del alma como un cohete,
a menos que creas que la inactividad
te llevaría a la locura o
al suicidio o al asesinato,
ni lo intentes.
a menos que el sol en tu interior te
abrase las entrañas,
ni lo intentes.

cuando de veras sea la hora,
y si estás entre los escogidos,
cobrará vida por
sí mismo y seguirá cobrándola
hasta que mueras o muera
en ti.

no hay otra manera,

ni la hubo nunca.



Ch.Bukowski



martes, 22 de noviembre de 2016

POEMA SOBRE LAS COSAS QUE NO SE TOCAN, PERO ESTÁN AHÍ / Kenit Folio.


© Saul Leiter


POEMA SOBRE LAS COSAS QUE NO SE TOCAN, PERO ESTÁN AHÍ.

La situación empeora con los teoremas. Los teoremas no explican el límite de la nitidez de la luz y la sombra. Esa sencilla singularidad de lo indefinido, lo inexplorable.
Sólo suponen.
Le dices, te llevo aquí, no puedo decirte en qué parte. Tu espalda descubierta debajo del contorno de mi mano, puedo asegurarlo.
Hablar de piel es una osadía, no existe, sólo la sientes. Apretarse para que no quede el silencio, no existe, lo escuchas.
Quitarnos el frío es lo bello. No decir nada, es lo absoluto, sólo el corazón con su ritmo de vida, y respirar y vivir es la secuencia que nos llevará hasta la muerte.
Lo imperfecto es lo inexplicable de por qué hay ojos que una vez se miran.
Lo imperfecto de un primer abrazo y la duda, y luego otro abrazo, y otra duda.
Cuando abrazas con ánimo de amar hasta que todo se acabe, Estas en un borde, en un lado lo que obedeces, en el otro la singularidad de lo desconocido.
Hoy la lluvia se equivoca.
No hay ninguna sospecha.
Estás aquí, no puedo decirte dónde.
Es un presentimiento.


Kenit Folio 
Nov 2016



miércoles, 2 de noviembre de 2016

LABYRINTHUS

Some poems are mazes, 
labyrinth with exit without exit, 
make you feel like you were dreaming 
like living in a dead end verses
in wich we lose in wich we have 
ourselves





quiero y no
quiero a pesar de quererte
que me quieras que me beses
que me anudes y no
que sin quitar abrigo
me desnudes

que me ames y no me ames
otra noche como la última
y una más, siempre de noche
como si fuera la única noche
en que te quiero y no quiero
estar y no

y confiar en verte
una vez más una sola vez más
una misma vez una vez única
siempre una más
para poder
no verte
más

y más allá
verte una vez más

quiero
saberte
y no quiero
saber más
acaso solo una vez
la única la misma
como la primera

no volver y volver
tan solo esa vez más
a comenzar

para poder sentirte siempre
quererte siempre otra vez más
quererte una única vez solo una
acaso la misma siempre
quererte por siempre

y más allá
amor



quererte más











martes, 1 de noviembre de 2016

NOVEMBER 1.1


Some poems are mazes, 
labyrinth with exit without exit, 
make you feel like you were dreaming 
like living in a dead end verses
in wich we lose 
in wich we have 
ourselves

sábado, 29 de octubre de 2016

AMOR EXTRANJERO


Foto: A. Palmerini


de qué sirve

compartir
el infierno
entero
si no eres capaz
de apresar la vida
al hundir tu rostro
y aspirar la paz

en su cabello
en su cuello

el olor
la calma



de qué
embebernos el vino
y esas perras penas
al exilio falso
de la ausencia
y otros astros


de qué abrir los ojos
al llorar para no ver

de qué esperar la muerte
sin estar para recibirla

sin amor
para vivir
para morir


si no es para
sentir
de súbito
toda la pasión
entera
la propia piel
alienada

que nos envuelve
nos revuelve
y nos devuelve
a las palabras
la música
la belleza

y a la verdad

del silencio 

ese único dios
taciturno
que escribe

con calcetines
de inconfundible
color de amor

la pagina en blanco
que es la vida cada vez
cada noche

cuando soñamos
como sabemos
soñarnos
al mismo ritmo
del alma misma
al rendirnos
a la certeza

de ser amor y latido
tan solo al respirar


cuando ahora
en la oscuridad
de los ojos
ocultos de la luna
nadie sabe tu nombre

nuestro nombre
de amor extranjero

amor
encerrado

en un cuarto oscuro



de qué la memoria
sin el propósito sin la presencia
sin el intento y los labios
que siempre besan
de qué perder
el norte
sin las manos
que te acarician

a la orilla
de cada intento

de cada poema

sin la atroz belleza
que es la trampa
de las olas
en su danza
desnuda



y sin saber
de la inocencia
ni la posibilidad
de la eternidad



del quererse

del mar  
y la sal